miércoles, 9 de diciembre de 2015

Trescientos treinta y tres

No paro de pensar en por qué pasan las cosas. ¿Qué determina que dos vidas que llevaban entrecruzándose años, se junten, al final, en un momento y un lugar exactos? ¿Es la última? ¿Y si todo está escrito?

Yo sigo empeñada en que nosotros bucamos nuestro propio destino. Pero también hay algo irresistible en pensar que tenía que ocurrir. 

Somos los mismos, pero...ninguno quiso leer las cartas que nos escribimos hace cuatro años. Cruzamos una mirada que hizo que el mundo entero se entristeciese por un segundo, y mi conciencia me hizo sentir como el peor ser de la Tierra. Y sin embargo, a ti aún te cabía una sonrisa. 

Somos los mismos, pero...somos completamente diferentes. Me llevaste a lo alto de esa montaña, y me diste aquel cuaderno y me salieron las palabras como si llevase toda la vida preparándolas. No te dejé leerlas porque tenía miedo que te asustaras. Y lo volví a meter en aquella caja y nos escapamos antes de que anocheciera, antes de que pudieras leerlo. Y en realidad creo que ya las sabes, y creo que no te asustan tanto.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

No somos libres

En realidad, vivo en una celda. Y mi celda no se abre con una llave. Apenas tengo permisos, raramente acepto visitas.

Quizá no me entiendas. Puedo explicarlo. Puedo elegir lo que comer, entre lo que guardo de mi nevera, puedo elegir dónde ir, hasta que la gasolina se acabe. ¿Y si ahora quiero meterme en la cama de la persona que amo? No puedo. No va a ocurrir. No entra en la norma. No puedo volar más allá de donde mi cuenta corriente me lleve. No puedo empezar una nueva vida en el otro lado del mundo porque no tenemos dinero para pagarlo.

Y vivo en una celda de presupuesto bajo, de futuro oscuro, negro. De melancolía. De tachar días en el calendario. De esfuerzo. De miedo. De confusión. De risas.

La cosa es que...la libertad en este mundo que nos hemos inventado; el saber que puedes dejarlo todo y no vas a morir de hambre solo se compra con dinero. Yo pensaba comprar mi libertad con dinero. Y resulta que ese dinero no está. Y apenas veo más allá de pasar el resto de mi vida viviendo en esta casa, en esta celda. Aspirando a la nada.

Los barrotes de mi celda no los rompe el tiempo. Y nada me causa más desasosiego que no saber lo que ocurre, por eso encuentro calma en contar los días, para que vengas.


martes, 17 de noviembre de 2015

Risto Mejide

"Declaración Universal de Sentimientos Humanos.

Yo, como cualquier aspirante a convertirse en bonito recuerdo, declaro…

Primero. Tengo derecho a amar y a ser amado. Esta cláusula deberá ser respetada incluso por quien no me quiera a mí. Da igual. Como cantó el maestro, fue siempre más feliz quien más amó.

Segundo. Tengo derecho a enamorarme incluso de quien yo no haya decidido. Sobre todo de quien yo no haya decidido. Enamorarse jamás fue una decisión. Ser feliz, sí.

Tercero. Tengo derecho a que nadie, y cuando digo nadie me refiero ni siquiera a mí mismo, esté legitimado para juzgar mi relación. Por encima de raza, edad, sexo o religión, si dos personas han decidido quererse, quién eres tú para juzgarles.

Cuarto. Tengo derecho a buscar ya no buenas parejas, sino buenas ex. Y a sentir lo que no haya sentido jamás. Y tengo derecho a sentirlo de primera mano cada vez que lo haga. Porque puede que el corazón no envejezca. Pero la mirada sí.

Quinto. Tengo derecho a perdonar y a ser perdonado. Jamás por partes iguales, esto no es una ecuación, y si lo fuera, sería incapaz de despejarme yo.

Sexto. Tengo derecho a llorar cuantas veces quiera por todo aquello que dejé o me ha dejado. Por todo lo que jamás entenderé. Por todo lo que se me quedó en el tintero. Tengo derecho a echar de menos todo lo que jamás me ocurrió. Y tengo derecho a remover mi pasado a las tres de la mañana, aunque todos sepamos de antemano que siempre será un error.

Séptimo. Tengo derecho a abrazar como si no hubiese un mañana. Porque algún día sé que tendré razón. Y ese día será demasiado tarde.

Octavo. Tengo derecho a querer a quien no conozco pero sé que sufre. Sobre todo si sé que sufre. Esto último, más que un derecho, es una obligación.

Noveno. Tengo derecho a quererme a mí lo justo para poder empezar a querer a los demás.

Y décimo. Igual que tengo derechos, también tengo una obligación y sólo una: la de seguir los dictámenes de mi corazón por encima de todo lo que pase e intentar siempre dar más de lo que reciba. 

Así lo firmo a día de hoy, desde este lugar del planeta, con todos y cada uno de mis latidos."

martes, 3 de noviembre de 2015

Creo que si encuentras a alguien que hasta entre sueños te abraza, para de buscar.