viernes, 9 de octubre de 2015

A lo mejor es hora de hablar claro

Veo que las visitas siguen subiendo, casi igual que siempre y sin embargo no sé quien lee esto. Sólo tengo dos personas cercanas que sepan que vuelco todo lo que guardo dentro aquí. Algún amigo de amigo. Nadie más. Y ni ellos, que conviven con el huracán que soy comprenden lo que pasa en esta cabeza. El otro día una persona preciosa me escribió que a veces leía el blog y no entendía nada.

La verdad es que vivo hecha un lío. No puedo hacer planes a más de tres meses vista. Tengo un billete de avión para cruzar el planeta en casi un año y me da una mezcla de miedo e ilusión cada vez que lo miro, porque me preocupa que las cosas sean demasiado diferentes.

Lo he pasado muy mal. De hecho, no creo que esté demasiado bien. Qué coño, lo cierto es que soy un desastre. No hago caso de los consejos de quien me quiere, cuido a quien no me quiere y me dedico cuando estoy triste a ver vídeos de esos que hacen llorar.

Me muerdo las uñas, como un caníbal. Uno de los puntos fuertes de Australia (Sí, estuve en Australia y resulta que era el paraíso) es que tenía unas uñas monstruosamente largas. Miento, eran unas uñas normales, pero yo nunca había tenido eso sin tener que pegarlo encima de mi dedo. Arañaba a la gente, que estaba hasta los huevos y me costaba horrores pulsar la pantalla del móvil. Pero Australia me regaló la paz suficiente como para dejar de comer uñas y yo creo que eso es amor verdadero.

Hablando de amor verdadero, hace rato que aquí no llega un ápice de eso. De amor propio tampoco vamos sobrados. Hay tanta gente maravillosa ahí fuera que a veces estamos solos porque, de lo buenos que son, y lo mucho que nos conocemos a nosotros mismos, no queremos hacerles daño. Como he dicho, soy el huracán, destruyo todo lo que se acerca y no dejo que nadie se acerque lo suficiente como para estar en el ojo.

¿El futuro? Por favor, para. Frena. Resulta que el otro día fui a echar gasolina y llené el depósito. Que pienso en ahorrar más que en gastar. Que me compro más cosas útiles que cosas que me enamoran. Que trabajo mucho. Que en mi día libre quiero quedarme en la cama. Que me he debido hacer mayor en dos meses y me lo he perdido. Y ser mayor es una mierda.

Que solo conozco una persona que sea feliz con lo que hace y eso le dé para vivir sola y tener pareja, e infinita ropa, y estar siempre preciosa, y me muero de envidia. Y me pregunto si eso es posible y por dónde empieza uno. Y a veces pienso que ojalá pudiera acercarme, que esa clase de optimismo se pega. Son secretos tácitos, lecciones de vida silenciosas. Pero no puedo. Estoy sincera, pero es que esa historia es muy larga.

Que he encontrado mi lugar en muchos sitios, tengo mil casas que no son mi casa, que solo se llega en avión. Que no sé si me quiero marchar o quiero huir. Y eso me da miedo, ser una cobarde. Huir toda mi vida.

Que cada vez estoy más sola. No es de un día para otro, pero cada día me importa todo menos, y qué quieres que te diga, y lo siento. Todo me importa menos, todos me importan menos. Gente con quien hablaba todos los días y ahora se nos cuela un "hola, que tal?" de ven en cuando y ahí muere la conversación. Me callo las cosas, ya no pido ayuda. Me quema el pecho a veces, pero ya no quiero molestar. No, Raquel, no mientas. No es por molestar; es que todos tienen razón. Estoy y están cansados de acogerme en sus brazos, de secarme las lágrimas y decirme qué NO hacer, para volver con la misma historia pasadas dos semanas.

De lo que no me puedo quejar es de lecciones. Aprendo todos los días, aprendo tanto que siento que se me va a escapar todo, pero aquí sigue. ¿Y sabéis que he aprendido? La cosa que más infeliz hace a la gente es la sensación de que todo escapa de su control, que hagan lo que hagan ni su esfuerzo ni todos los cambios que hagan van a influir en los acontecimientos del entorno. Es cierto, mi realidad cambia deprisa aunque yo me arrodille a pedirle que pare. Es cierto. ¿Y además sabéis qué? Las personas se necesitan unas a otras. Las personas pueden hacernos inmensamente felices, sin tener nada. Y sin embargo, las personas pueden matarnos.
Marzo, de dentro de dos marzos.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Quiero otra oportunidad, quedarme a dormir. Despetarme confusa y enredada. Sentirme viva.

Quiero emborracharme y bailar. Que llegue ese punto de la noche donde me da igual ir al baño sola, perder a todo el mundo. Mirarme al espejo mientras me subo las medias, probablemente ya rotas. Esa media sonrisa de saberse a una misma afectada, pero libre. Moverse como loca, pero estar tranquila. Quiero ir a ver las estrellas. Sentarme en el capó con la manta. Quizá dormir mientras conduces. O cantar a gritos, aunque siempre acabas poniendo esa emisora de mierda.

Uno es poderoso cuando tiene la posibilidad de hacer daño a alguien, pero es invencible cuando tiene el poder de que nadie le haga daño a él.

domingo, 4 de octubre de 2015

A lo mejor lo que esperas, está justo delante

"Rompí a llorar. Me encanta esa expresión. No se dice rompí a comer o rompí a caminar. Rompes a llorar o a reír. Creo que vale la pena hacerse añicos por esos sentimientos."

Albert Espinosa


martes, 22 de septiembre de 2015

¿Por qué estoy haciendo esto? Todos estos sacrificios a cuénto de qué. ¿Y si no es poner la casa en otro lugar sino vivir en un lugar hasta cansarnos? 

¿Y si solo soy capaz de ser feliz cuando estoy lejos? 

¿Nunca has tenido la sensación de que perder a alguien sea la única forma de encontrarte a ti mismo?

martes, 8 de septiembre de 2015

¿Cuántas veces?

Y es que las cosas no pueden volver a ser igual cuando todos somos completamente diferentes. Dice que la gente no cambia tan rápido, pero se equivoca. He vivido cosas maravillosas. He escuchado palabras que harían temblar a la persona más fría, y he visto como prácticamente personas desconocidas me quitaban las lágrimas, a veces de pura alegría porque no podía gestionar tanta felicidad. Y eso te cambia. He visto cosas tan grandes que he tenido la suerte de aprender lo pequeña que es mi vida. Lo insignificante que es cada día en comparación con las cosas que pasan ahí fuera, y que a veces nos quedamos en casa abrazando nuestros miedos y nuestra negatividad, que nos las perdemos. Soy tan afortunada por la vida que tengo, por amanecer cada día donde lo hago, por estar sana, por viajar. Sólo de pensarlo se me eriza la piel, y es por eso que ya no me importa si no podemos acabar una película. Porque creo que es mejor dar gracias por tener alguien con quien interrumpirla.

Pero también puedo ver las cosas de otra forma. Y me han dado y he dado besos suficientes en mis pocas primaveras como para sentir cuando no son bien recibidos. A mí me encantan los besos. Y me encanta(ba)n los tuyos. Recuerdo con cariño cada uno de todos aquellos amaneceres con besos. Vivan.

Pero no es eso lo que tu extrañas. Y yo siento que soy más que un pedazo de carne distribuida de esa forma aleatoria y afortunada que te inspira enormes ganas de follar.

Quizá es la hora de ser esa fría zorra indiferente de la que todos se enamoran. Durante unas semanas fingí ser esa. Era otro país, otra ciudad, donde nadie sabía nada. Y sin embargo conocí a alguien que me miró, y me dijo tu no eres esa. A ti te han hecho daño, pero tú no eres esa.

Ya no tengo nada más que pedirle a la vida, salvo encontrar a alguien que me dé ganas de bailar esto. Y que no me parta el corazón, requisito indispensable.

martes, 1 de septiembre de 2015

Llévame a Granada, paremos en Sevilla

5 semanas después, en mis últimos tres días cada vez que pienso en volver me tengo que dar la vuelta para que no se me vean los ojos.  Son las únicas lágrimas que he gastado aquí, y las de las despedidas. Y las de la llegada, que como todo lo que vale la pena en la vida, no fue fácil. Daría todo lo que tengo y conseguiría lo que no por quedarme aquí más tiempo. Me quedan miles de kilómetros que recorrer, pero no es eso. Tengo amigos maravillosos, pero tampoco es eso. Es que estoy cambiando, estoy cambiada. Quiero quedarme porque me hace bien. Porque soy mejor, porque me siento mejor. Viajar me da la vida, me hace mejor persona. Me da confianza y ganas de vivir. Alegría para meses, esperanza, fuerzas. Viajar me cura las heridas, y no quiero volver porque no todas están cerradas.