Todos tenemos prejuicios. A todos nos sesga el amor, la envidia, la avaricia, el orgullo. Todos tenemos algo de machista, o de hembrista, o de racista y la mayoría de nosotros sobrevaloramos la validez de nuestro criterio.
No tienen cura. No la tienen, no. Pero ser conscientes de ellos nos ayudan a cubrir las espaldas a nuestros juicios de valor. Especialmente si son sobre otros. Quizá la vida no sea justa, pero juzgar a dos personas iguales de forma diferente es algo de lo que nos quejamos todos. Y aún así lo hacemos.
miércoles, 22 de julio de 2015
martes, 21 de julio de 2015
En el cielo de Madrid no hay 'Clark Kents'
Que un clavo no saca otro clavo, pero quinientos clavos, a lo mejor.
viernes, 10 de julio de 2015
miércoles, 1 de julio de 2015
viernes, 26 de junio de 2015
Cambiar, y cambiar, y cambiar mil veces. Hasta ser la persona de la que me enorgullezca cuando vuelva atrás.
No quiero ser un perro. No quiero seguir volviendo cada vez que me dan un tirón. No quiero pasarme los días intentando descifrar la vida de una desconocida, en lugar de la mía. Soy jodidamente afortunada de lo que tengo. De que alguien se asegure de que llego a casa. De que me esperen con una cerveza sin tener razomes. De que me acompañen a la ciudad de mis sueños. Todos tenemos derecho a construir, incluso cuando nuestros sueños pisan los de otros, o incluso cuando alguien cree que los sueños de los otros pisan los suyos, y se obsesionan. Dos palabras me darían toda la paz del mundo, por un momento. Las dos palabras que me dejarían pasar página.
Pero es que, a veces se te olvida, niña: que la vida la tienes que hacer tú, y nadie te tiene que dar facilidades. Llevas atascada tanto tiempo que se te ha olvidado mirar a quien te arropa. Se te ha olvidado vivir porque vives sin motivo. ¿Y si el momento es ahora?
Todo lo que sentiré cúando se me pase lo sentí aquellos cuatro días en aquella puta playa. Y se ha vuelto un símbolo, ¿sabes? Me preguntaba que era la playa, y la verdad es que no es nada salvo eso, una playa, completamente vacía, pero también todo lo que significaba.
Y cambiar, y cambiar, y seguir cambiando. Y equivocarse, mil veces si hace falta. Pero por favor, que no sigan siendo los mismos errores. Construir cosas sanas y justas. Vivir al margen del resto. Y que no sea por la cerveza, que tenga el valor de hacerlo de verdad.
Pero es que, a veces se te olvida, niña: que la vida la tienes que hacer tú, y nadie te tiene que dar facilidades. Llevas atascada tanto tiempo que se te ha olvidado mirar a quien te arropa. Se te ha olvidado vivir porque vives sin motivo. ¿Y si el momento es ahora?
Todo lo que sentiré cúando se me pase lo sentí aquellos cuatro días en aquella puta playa. Y se ha vuelto un símbolo, ¿sabes? Me preguntaba que era la playa, y la verdad es que no es nada salvo eso, una playa, completamente vacía, pero también todo lo que significaba.
Y cambiar, y cambiar, y seguir cambiando. Y equivocarse, mil veces si hace falta. Pero por favor, que no sigan siendo los mismos errores. Construir cosas sanas y justas. Vivir al margen del resto. Y que no sea por la cerveza, que tenga el valor de hacerlo de verdad.
jueves, 25 de junio de 2015
Me calló la boca, pero es que además no sabía la respuesta
-¿Joder, cuánto tiempo más vas a estar así? Tienes en tu mano la solución y no quieres verlo.
-¿Y tú? ¿Hasta dónde vas a llegar por esto?
-¿Y tú? ¿Hasta dónde vas a llegar por esto?
martes, 23 de junio de 2015
Caricias
Lo llamé 'Caricias a los leones' porque es lo que todos hacemos. Yo acaricio a un león, que no me da nada. Y yo soy el león de alguien, y me preguntó si se sentirá como yo respecto a quien nunca devuelve las caricias.
Porque acariciar a un león requiere confianza. Estar casi desde el principio. En lo malo, y siendo muchas veces la razón de lo bueno. Y pocas veces un león encuentra una leona; pero aún menos se despiden sin que uno de los dos convierta en miserable rata al otro.
La cosa no es ganar contra el león, no es clavarle la espada. Es poder ser más pequeño y caminar delante de él, es poder caminar con la mirada clavada, o con la más profunda soledad, es darte la vuelta y sonreír. Para eso nunca es tarde.
Yo era una leona en esa playa. Aquí no, me arruina.
Hay algo precioso en poder mirar a una persona y saber que le confiarías todo.
Porque acariciar a un león requiere confianza. Estar casi desde el principio. En lo malo, y siendo muchas veces la razón de lo bueno. Y pocas veces un león encuentra una leona; pero aún menos se despiden sin que uno de los dos convierta en miserable rata al otro.
La cosa no es ganar contra el león, no es clavarle la espada. Es poder ser más pequeño y caminar delante de él, es poder caminar con la mirada clavada, o con la más profunda soledad, es darte la vuelta y sonreír. Para eso nunca es tarde.
Yo era una leona en esa playa. Aquí no, me arruina.
Hay algo precioso en poder mirar a una persona y saber que le confiarías todo.
jueves, 18 de junio de 2015
Volví como un preso de permiso, pero con inmensas ganas de contar lo que hay ahí fuera.
Necesito volver. Como un adicto, no paro de soñar con esa playa. El atardecer más bonito que he caminado nunca.
A veces somos felices, y necesitamos poner la cabeza en el hombro de alguien. O quizá sea el acurrucarnos lo que nos haga felices.
A veces somos felices, y necesitamos poner la cabeza en el hombro de alguien. O quizá sea el acurrucarnos lo que nos haga felices.
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